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Somos unas putas bestias

pocahontas

La versión Disney para The Revenant se tituló Pocahontas en 1995.

Las mejores historias no están en el cine o en la literatura, sino en las leyendas que van de unos a otros y nos forman como seres humanos miembros de una cultura. Leyendas donde los hechos históricos se funden con el imaginario colectivo; éstas son historias que le pertenecen a la memoria de la humanidad.

Muy bien, comencemos.

Alejandro González Iñárritu y su película The Revenant es la obra con más nominaciones en los próximos premios Óscar, doce en total. El mexicano, por segundo año consecutivo, podría ganar en la categoría a Mejor Película y Mejor Director por El Renacido.

Podemos decir que Iñárritu se ha convertido en el Messi del cine hollywoodense, con un talento envidiable y con un compañero de campo aún más envidiable al lado de él. Estoy hablando de alguien que podría ser Neymar, Suárez o las inmortales leyendas como Xavi e Iniesta, compañeros de campo sin los cuales Messi no sería lo que es hoy. Estoy hablando del Emmanuel “Chivo” Lubezki, a cargo de la fotografía en las últimas dos películas de Iñárritu (El Renacido y Birdman en 2014), pero la verdad es que esto no nos interesa mucho. Lo que realmente nos importa al pensar en la historia de El Renacido son los cientos de años que hay detrás la historia.

Ahora, sin menospreciar el trabajo duro de grabar una película en Calgary (Canadá) y la Patagonia (Argentina), a temperaturas frías como la chingada por siete meses y con 300 personas alrededor de un director de cine para producir una historia y todo lo demás por lo que la crítica de Hollywood alaba a Iñárritu—, la verdad es que quien haya visto la película puede decir que la historia de The Revenant es de hueva: un güey que es atacado por una oso y que después quiere vengar a su hijo. Fin. 

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 Fotografías de Emmanuel  Lubezki en su cuenta de Instagram durante la grabación de The Revenant. El mexicano ha ganado dos veces el Óscar a Mejor Fotografía por Gravity (2013) y Birdman (2014). 

¿De dónde sale el hijo que Glass quiere vengar? ¿En dónde quedó la esposa (¿quién es ella?) de Hugh Galss? ¿Hugh Glass está del bando de la tribu Pawnee o del lado de las empresas dedicadas a la compra-venta de pieles? ¿Por qué es tan famoso el tal Hugh Glass? Estas son preguntas que saltan s la cabeza una vez vista la película de González Iñárritu, cuestiones que sinceramente pueden ser más aventureras, profundas e impactantes que la película.

Es importante decir que la relación que tiene Hugh Glass con una mujer perteneciente a la tribu Pawnee no está descrita en la supuesta novela en la que Iñárritu se basó para la realización de la película. Me refiero a The Revenant: A Novel of Revenge (2002) de Michael Punke. Por otra parte, en otra versión de la conmovedora historia de Hugh Glass, el encargado de casar al explorador con una Pawnee fue Frederick Manfred en Lord Grizzly de 1954, donde la relación sentimental dio como resultado a un hijo llamado Hawk. Y es justo en este momento en el que quiero que tomen un respiro, porque aquí es cuando podemos hablar de todo el trasfondo cultural e histórico en The Revenant: me refiero al mestizaje, a la una unión entre dos razas, el encuentro de dos mundos, dos trenes que chocarán con toda la fuerza con resultados que van desde el enamoramiento hasta el racismo, secuelas que todavía tienen vida en nuestros tiempos.

My Dead Little Pony

¿Recuerdan esta escenita? Leonardo estuvo dentro de un oso muerto ante de meterse a un caballo para inspirarse más en su papel. Por cierto, la hipotermia era un problema de todos los días durante las grabaciones.

La historia de Hugh Glass no es un relato que venga solo de la pluma de un escritor, sino que es una historia de tradición oral que ha pasado a través de las generaciones norteamericanas; por eso podemos encontrar varias versiones de la historia de Hugh Glass que van desde poemas hasta películas. The Revenant es una leyenda donde la historia “real” se funde con lo sobrehumano, un relato tan importante para la identidad norteamericana que es como si estuviéramos hablando de la relación sentimental/política entre el conquistador Hernán Cortés y la Malinche. O si lo quieren tomar desde el punto de vista heroico y de supervivencia podemos hacer una comparación con la leyenda de los Niños Héroes en México, a menos que crean que estoy exagerando un poco. Personalidades como Hernán Cortés, la Malinche o Hugh Glass son seres humanos que dan un sentido a las identidades nacionales y a las batallas que se desencadenan por éstas. Espero no equivocarme cuando digo que las mejores historias no están en el cine o en la literatura, sino en las leyendas que van de unos a otros y nos forman como seres humanos miembros de una cultura. Leyendas donde los hechos históricos se funden con el imaginario colectivo; éstas son historias que le pertenecen a la memoria de la humanidad.

No es la primera vez que la historia de Hugh Glass se adapta al cine. En 1971 El hombre de una tierra salvaje de Richard Sarafian se basó con diferentes personajes y una que otra situación nueva en la historia del aventurero.

La importancia de la supervivencia  en The Revenant no es que un hombre salió con vida ante el ataque de una osa; la verdadera riqueza de la historia está a su alrededor, una leyenda que nació entre 1823 y 1824 y que tiene como entorno la inacabable guerra con la tribu Arikara por todo el río Missouri. Una guerra que nació por el encuentro de dos mundos. Una de las razones por lo que la guerra contra los Arikara comenzó es la expedición que realizaron Lewis y Clark (1804-1806) a través de los ríos Columbia, Missouri y las Montañas Rocallosas, la primera expedición oficial que partió del este de los Estados Unidos hasta llegar al océano Pacífico. Durante la expedición de Lewis y Clark, la tribu Arikara no impidió el paso de los exploradores ni actuó de forma violenta contra ellos. Sin embargo, al terminar la expedición, un líder Arikara murió sospechosamente durante un viaje a la capital de los Estados Unidos, por lo que los Arikara tomaron a toda persona de color blanco como su enemigo. Además, si al conflicto le sumamos que las empresas pertenecientes al comercio de pieles, madera y demás recursos naturales estaban en plena expansión por el noroeste de los Estados Unidos, podemos decir que la guerra se desató más por los abusos y saqueos a los asentamientos indígenas que por un asesinato.

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La expedición inició en mayo de 1804 partiendo desde St. Louis para llegar a costas del Pacífico. El trabajo lo encomendó el presidente Thomas Jefferson. Ilustración tomada de wikipedia.org. 

Es así como la leyenda de Hugh Glass toma una fuerza que no se alcanza a apreciar en la película de Iñárritu, ni en las novelas de Frederick Manfred y/o Michael Punke donde el trasfondo social y económico de una nación se va configurando a lo largo del tiempo. De ahí la importancia de que la historia de Hugh Glass recaiga sobre la tradición oral, pues son historias que solo el tiempo es capaz de enriquecer, así como la experiencia colectiva de una comunidad. Es muy difícil –hasta yo diría imposible– el paso de la tradición oral al libro o a la película; es como si quisiéramos compactar todo, absolutamente todo lo que está detrás de una leyenda que forja sentidos de vida. La historia de Hugh Glass es la leyenda del mesticismo en norteamérica, así como la colonización de tierras salvajes y brutales del “nuevo mundo”terra incognita–, donde la esclavitud, la búsqueda de la riqueza y los despojos hacia los grupos indígenas del río Missouri como los Arikara –o Ree–, Pies Negros, Sioux, Cheyennes, los Crow y demás asentamientos nativos se mezclan para crear una memoria colectiva y saber de dónde venimos y quiénes somos.

¿CÓMO Y POR QUÉ SOBREVIVIÓ AL ATAQUE DE LA OSA?

De nuevo diré que el ataque de la osa sobre Glass es lo menos importante en la supervivencia del personaje, ya que a pesar de las heridas mortales que le ocasionó el accidente, Glass muere literalmente en vida; no enterrado, no lastimado, sino al momento del abandono por parte de sus compañeros. Bien lo dice Michael Punke cuando

Fitzgerald y Bridger habían actuado con deliberación, robándole las pocas pertenencias que podía haber usado para salvarse. Al quitarle esa oportunidad, lo habían matado. Lo habían asesinado, tanto como si le hubieran clavado un cuchillo en el corazón o puesto una bala en la cabeza. Lo habían asesinado, pero él no moriría. Juró que no moriría porque viviría para asesinar a sus asesinos.

A Glass lo dejaron sin agua, sin su cuchillo para destazar piel, sin pólvora y sin su arma. Glass estaba totalmente indefenso ante los peligros que una expedición corriente conlleva en el día a día. Aquí salen a la luz los conocimientos que Glass –si seguimos la línea de Frederick Manfred– pudo haber aprendido durante su estancia con los Arikara. O también –si ahora nos situamos en la línea de Michael Punke–, una supervivencia basada en el simple hecho de venganza. La verdad es que The Revenant tiene un poco de los dos, pero en lo personal me gusta señalar el conocimiento que Glass mamó de los Pawnee como el principal ayudante para resguardar su vida.

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De acuerdo al analista Naief Yehya, la palabra revenant (francés) se refiere a alguien que regresa de ultratumba o de una desaparición prolongada. Podemos imaginarlo como un espectro, un zombi o un fantasma que vuelve a ajustar cuentas con los vivos.

Cuentan las leyendas que para evitar la gangrena y curar las heridas, Glass dejó que los gusanos comieran su carne muerta. Y todo esto a rastras, para tomar agua del río o comer raíces y plantas para sustento. Después del ataque, Glass tenía múltiples fracturas, parte del cuero cabelludo arrancado y lesiones con las que cualquier futbolista se volvería loco. Además, algunas versiones agregan que Glass era un gran trampero, por lo que logró alimentarse de ratas y demás roedores cuando su cuerpo solo podía arrastrarse de un lugar a otro. ¿Ya se nota la importancia del conocimiento de la tribu Arikara sobre la supervivencia de Glass?

La película de González Inárritu, al igual que las novelas de Frederick Manfred y de Michael Punke, tienen un punto en común bien importante, y es que los tres retratan una realidad tan horrible que duele hasta los huesos alrededor de la violencia. Por si fuera poco, estas historias tienen como principal campo de batalla a la Madre naturaleza, quien es capaz de hacerte llorar hasta la muerte o brillar de vida. Así es The Revenant, una leyenda con la monstruosidad y la belleza de una bestia llamada Vida con el tonelaje de erigir naciones. Una bestia que está en todos nosotros y que haría lo que fuera para lograr sus cometidos. ¡Por eso todos podemos ser unas putas bestias!

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Luis Mario Reyes

Soy zurdo y tengo el pie plano. A veces no puedo aprender nada, y eso me gusta. Editor en jefe de Libertimento y maestro de primaria retirado.

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