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Tan lejos de Dios y tan cerca de “Harry Potter”

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En 2009, Michael Paulson del Dallas News publicó un artículo llamado “El libro de Harry”, usando una imagen de Daniel Radcliffe como Jesucristo, lo que causó revuelo entre miembros de la iglesia Ortodoxa en Estados Unidos.

¿Por qué de repente nos topamos con una Lily Potter comparable a la Virgen María, un Albus Dumbledore como San Juan Bautista y un Harry Potter que prácticamente es Jesucristo?

Lamento informarle a todos los ateos y agnósticos que decidieron darse la vuelta por un número que incluye en su título las palabras “San Harry Potter” —¡Ja!— que si creen en el universo de J.K. Rowling o en cualquiera de sus personajes —sí, incluso si según Pottermore son Slytherin y su mayor ídolo es aquel que no se puede nombrar— no están tan lejos de los ideales de nuestra Iglesia tan santa, católica y apostólica (¡Ja! de nuevo). Pero no se preocupen, nadie lo está y puede ser nuestro secreto.

Lo que no es secreto es que desde tiempos inmemoriales —quizá más notoriamente durante el neoclasicismo— la literatura infantil occidental ha sido el camuflaje perfecto para la ideología y la moral, que, como buenas herederas del viejo continente, por lo general surgen de la idiosincrasia católica. #GuardenEsteTweet: En la literatura infantil las cosas nunca son lo que parecen.

La saga de Harry Potter definitivamente no es la excepción y a decir verdad no es de sorprendernos si referenciamos a sus compatriotas y parientes lejanos: Las Crónicas de Narnia y El Señor de los anillos de C.S. Lewis y J.R.R.Tolkien respectivamente. Las sagas de Aslan y Gandalf poseen explícitas referencias bíblicas en su haber y su carácter valorizante es casi imposible de ignorar.

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J.K. Rowling acepta que el cristianismo fue fuente de inspiración para su ficción, y declara ser practicante.

¿Pero por qué las referencias bíblicas son tan recurrentes en la literatura y la cultura occidental? ¿Por qué de repente nos topamos con una Lily Potter comparable a la Virgen María, un Albus Dumbledore como San Juan Bautista y un Harry Potter que prácticamente es Jesucristo? La respuesta está en que la Biblia es un libro universal, y uno que establece los cánones de religiones dominantes en el mundo como el judaísmo y el catolicismo. Y naturalmente, su universalidad surge de que este conjunto de libros ha sido divulgado masivamente a través de los años y los continentes; impuesto sobre nuevas tierras y pueblos por los conquistadores europeos y electo como pilar en el desarrollo de las grandes potencias mundiales, incluso desde mucho antes de que se inventara la imprenta en 1440.

La Biblia, además, contiene en sus versículos un bagaje enorme de cuestiones éticas, filosóficas, políticas y espirituales que son relacionables con situaciones tanto cotidianas como extraordinarias. La Biblia vive en nuestro inconsciente colectivo, porque por siglos su contenido moral y simbólico ha servido de base para plantear una ideología u oponérsele. La amas o la odias pero jamás le eres indiferente.

Lo verdaderamente curioso yace en nuestra capacidad de entender y relacionarnos con las referencias bíblicas de Rowling a pesar de no ser precisamente unos expertos en teología o en semiótica. Pero la vieja confiable psicología siempre tiene una explicación y al más famoso de los alumnos inconformes de Sigmund Freud no se le escapaba una…

Carl Jung, fundador de la psicología analítica, nombró arquetipos a las “supuestas vivencias ancestrales, situadas en el inconsciente colectivo, transmitidas hereditariamente y referidas a los grandes problemas con los que se debe enfrentar toda persona: la muerte, la vida, el sentido de la existencia, el amor, el deseo, lo masculino, lo femenino… Los arquetipos son imágenes o metáforas que expresan simbólicamente las actitudes ante dichos problemas” Es decir: los arquetipos son modelos de conducta o de pensamiento que, implantados en el inconsciente colectivo, nos permiten comprender las personalidades o las acciones de un personaje en particular.

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Los arquetipos de Jung son representaciones universales del inconsciente colectivo, y por eso muchos personajes de ficción se repiten y entran fácilmente en esas categorías.

Recalcando que en el inconsciente colectivo occidental la simbología y la moral católica son reinas, resulta lógica la declaración de Rowling en 2003 cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia:

…Mi intención no fue ni enseñar ni predicar a los niños. De hecho, creo que salvo raras excepciones, las obras de ficción infantil sufren si el autor o autora está más
interesado en instruir a sus lectores que en cautivarlos con un cuento. Sin embargo, siempre he creído que los libros de Harry Potter son altamente morales. Quise representar las ambigüedades de una sociedad donde la intolerancia,
la crueldad, la hipocresía y la corrupción abundan, para demostrar mejor lo heroico que es, cualquiera que sea tu edad, luchar en una batalla que nunca se ganará.

Pero vayamos al grano. ¿En verdad se presentan arquetipos y símbolos católicos dentro de la narrativa y el contexto de los siete libros —coff coff siete coff coff— de la saga de Harry Potter? La respuesta del millón es: sí. Pero leer o disfrutar de Harry Potter y todo su séquito comercial no nos hace ni más ni menos católicos; nos hace simplemente habitantes de este mundo globalizado.

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Vale, el número 7 se repite en muchas escenas, pero no nos gusta la numerología. Screen de Harry Potter y el Príncipe Mestizo (2009)

Habrá que comenzar de afuera hacia adentro. Los libros de la saga original de Rowling eran siete, pero no ahondaremos mucho en el tema porque no existen fuentes verdaderamente fidedignas para confirmar las hipótesis sobre la relevancia del número siete en la narrativa de Harry Potter. Mencionaremos las generalidades: en la cultura hebrea y su derivada ideología católica, el número siete representa la perfección. Es conocido como el número sagrado, pues el mundo se creó en siete días; son siete los hombres de Dios nombrados en el Viejo Testamento (Moisés, David, Samuel, Semaías, Eliseo, Elías, Igdalías) y también se encuentra en otros conceptos como los siete dones del Espíritu Santo. A la par, Harry Potter —según esto— está rodeado de alusiones al mismo número. Como ejemplos, las siete cámaras que según Harry Potter y la piedra filosofal (1997) Harry y sus amigos deben atravesar para encontrar la piedra filosofal y el número siete en la capa del “buscador” que se le otorga a Harry para el juego de Quidditch.

UNA BATALLA QUE NUNCA SE GANARÁ

Pero dejemos de lado la teoría de la conspiración y vayamos a lo concreto: ¿de qué se trata Harry Potter sino de una compleja batalla entre el bien y el mal? ¿Acaso la misma batalla en que la ideología católica basa sus predicaciones y acaso la misma situación arquetípica planteada por Jung?

La saga completa del joven Potter nos sitúa frente a un héroe que debe enfrentar mil y un obstáculos para evitar que las fuerzas del mal se apoderen del mundo y, más aún, de sí mismo. La contraposición del bien y el mal, lo mágico y lo muggle, lo correcto y lo incorrecto, el amor y la venganza, el bienestar propio y el bienestar colectivo mueven el hilo de la historia página por página y escena por escena. Es este juego entre dualidades el que constituye la fórmula que Rowling explota elegantemente, colocando sutilmente decenas de arquetipos universales a lo largo de la historia, y logrando sorprendernos a pesar de no ser la primera ni la última autora en utilizar estos recursos.

Es de esta premisa de la cual nacen el resto de los arquetipos católicos en la saga. El más importante, el elefante en la habitación, es el mismísimo Harry como Jesucristo. Desde su infancia, hasta su muerte y resurrección, Harry es el arquetipo perfecto de El Salvador, el Elegido.

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Jesucristo mira a María y José acompañándolo en el espejo de Oesed en Harry Potter y la piedra filosofal (2001)

Puede decirse que la familia cristiana —María, José y Jesús— es claramente representada por Lily Evans, James y Harry Potter. En el caso de Lily, no es solo por su presencia que le atribuímos ese arquetipo, sino por sus acciones: Lily encarna a la madre que se sacrifica incondicionalmente por salvar la vida de su hijo y su amor se mantiene latente en la vida de Harry como motivación para seguir. Tanto Lily como James significan en la mente de Harry una causa emocional para que su muerte no sea en vano.

Tras la muerte de sus padres a manos de Lord Voldemort, cuando Harry tenía tan solo un año, su destino es claro: él es El Elegido, por si la cicatriz en forma de rayo que tiene literalmente tatuada en la frente no era lo suficientemente obvia. Así mismo, y haciendo un brinco temporal extremo —agárrense— Harry es “elegido” una segunda vez durante su vida: cuando su siempre sabio tutor Albus Dumbledore, quien según la propia Rowling es el “Juan Bautista del Harry Jesucristo, le encomienda la tarea de encontrar y destruir todos los objetos hechizados y estratégicamente escondidos por Lord Voldemort para garantizar su poder por toda la eternidad” —horrocruxes, pues—.

El genio de J.K. Rowling no se encuentra taaanto en la creación de símbolos y signos nuevos, sino en su capacidad de utilizar los más convencionales y acomodarlos armoniosamente en una narrativa nueva.

Así, Potter, al igual que Jesucristo, tiene la misión de salvar a su gente a través del sacrificio propio. Jesucristo a través de ser crucificado y Harry a través de luchar contra Lord Voldemort —y contra sí mismo— con el riesgo latente de morir en el intento.

Ante el riesgo y el caos que implica la batalla final, Harry duda varias veces de sus capacidades y su fortaleza. Al inicio de la saga se presenta escéptico ante sus poderes y le atribuye la magia a su varita, por ejemplo. Igualmente, Harry tiene que poner a prueba su propio conocimiento y compromiso al ser encomendado a destruir los horrocruxes y más de una vez se ve atormentado por la macabra conexión que tiene con “el señor tenebroso”, quien a menudo le revela una parte de sí mismo que no quiere conocer.

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Así lucía el limbo después de Harry Potter fuese crucificado  asesinado por Lord Voldemort.

En esta “duda” descansa otra característica que Harry comparte con un Jesús de Nazareth que en Getsemaní: tras la emblemática “Última cena”, se dirige a su Padre o sea Dios con la siguiente frase no precisamente colmada de gozo y confianza en sí mismo: “Abba, Padre, todo te es posible; aleja de mí este cáliz; mas no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”.

Además, el concepto de la resurrección y la vida después de la muerte es abordado recurrentemente en la obra de Rowling, siendo el regreso a la vida del mismísimo San Harry Potter el clímax de este concepto en la saga; que es irremediablemente comparable con el arquetipo de Jesucristo “que por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato y padeció y fue sepultado y resucitó al tercer día”. Amén.

CONTINÚA ABAJO…

LA SERPIENTE COMO ENCARNACIÓN DEL MAL

Sin embargo, no es solo nuestro héroe quien se ve rodeado de arquetipos y símbolos religiosos. El mal en el universo de Harry Potter también está materializado decenas de veces en una figura orgánica: la serpiente. El concepto arquetípico que etiqueta a la serpiente como perpetuadora de lo malo, lo oculto y lo prohibido acompaña a la contraparte de Harry durante toda la saga y no se queda corto en ejemplos:

El Basilisco una serpiente gigante conocida como “El Rey de las Serpientes” en el escudo de Slytherin, una de las cuatro casas en las que se dividen los estudiantes del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería hasta el hechizo (Serpensortia) que Draco Malfoy utiliza para enfrentar a Harry en el Club de Duelo, confrontándolo con una serpiente y Nagini, la oscura mascota de Lord Voldemort que resulta ser un horrocrux.

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Nagini, símbolo de nuestra caída de la gracia de Dios.

La serpiente ha sido connotada en la tradición cristiana desde sus inicios y es un símbolo que se remonta nada más y nada menos que a la creación de los seres humanos y su caída de la gracia de Dios; cuando el diablo toma forma de serpiente para convencer a Eva de comer del fruto prohibido. ¿Sí o no nos cuesta trabajo confiar en las serpientes como personajes o insignias cada vez que las vemos en una narrativa?

No es de sorprendernos entonces de que J.K. Rowling haya utilizado un símbolo tan identificable a nivel global para plantear un punto: el pecado, el engaño y la traición. Incluso, como en el génesis bíblico, Lord Voldemort tiene una estrecha conexión con las serpientes —desde su aparición como Tom Riddle, su identidad previa— que lo enlaza con Harry, haciéndolo capaz de hablar y entender el idioma de las serpientes.

VENGA A NOSOTROS TU REINO (Por muy creyentes o incrédulos que seamos)

398397 12: A view of The Cloisters at Gloucester Cathedral December 9, 2001 in Gloucester, England. Warner Brothers movie producers will return to the cathedral early 2002 to begin filming a second Harry Potter movie. The Cloisters was used in the current release "Harry Potter and the Sorcerer's Stone" in scenes featuring Hogwart's School. (Photo by Graham Barclay/BWP Media/Getty Images)

La catedral de Gloucester en Gloucestershire, Inglaterra, fue usada como locación para filmar la primera, segunda y sexta película de Harry Potter, lo cual causó controversia entre los que sugerían que la temática de las películas no eran adecuadas para una iglesia.

No me bastan estas líneas para englobar todos los arquetipos y referencias a la Biblia católica o a otras religiones que comprende el universo de J.K. Rowling. Sin embargo, creo que se puede probar un punto.

El genio de J.K. Rowling no se encuentra taaanto en la creación de símbolos y signos nuevos, sino en su capacidad de utilizar los más convencionales y acomodarlos armoniosamente en una narrativa nueva; cosa que para Lewis o Tolkien tampoco sería taaan original pero que nos funciona, nos atrapa y nos fascina.  

Finalmente, no importa qué tan creyentes o incrédulos seamos, los arquetipos religiosos, católicos y cristianos en este caso, nos unen por un lazo histórico y cultural a una moral establecida en el mundo occidental desde hace siglos. Ni modo, no es como que podamos borrar tantos años de subconsciente colectivo, pero hay que admitir que muchas de las grandes historias de la contemporaneidad no serían lo mismo sin el conocimiento previo que la universalidad de la tradición católica nos brinda. En fin, todo tiene su magia.

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Fernanda Estrada Argumedo

Lunática. Cinéfila. Workaholic, dicen. Adicta a la poesía, las series y la música ochentera, entusiasta navideña. Estudio Comunicación y Medios Digitales.

This Post Has One Comment
  1. Me parece un artículo muy interesante ya que muestra de una forma clara los referentes bíblicos, cristianos y católicos, explícitos e implícitos, que contienen los libros de la saga de Harry Potter. Sin embargo, pregunto a la autora por qué abordó esta temática como algo novedoso, si más bien es lógico y normal que en esta civilización cristiana suceda esto, lo cual es reafirmado por la misma autora.

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