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¡Traición! Perdón, quise decir “translación”

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Lo primero que pueden esperar de la serie son escenarios detallados, excelentes vestuarios y un guion con un humor negro y sarcástico.

Bien nos enseñó "El principito", aquella gran obra en que las palabras dibujan imágenes y las imágenes palabras: basta un trazo para capturar el mundo entero; esa línea a lo lejos a la que llamamos horizonte, encierra en sí misma el principio y el final de las cosas.

No todos podemos escribir, así como no todos podemos cantar, componer hermosas melodías, bailar o diseñar imponentes edificios. Pero todos, absolutamente todos, podemos dibujar. Bien o mal, pero todos podemos trazar esa única línea que basta para poder proponer todo un universo.

Podemos decir que una de las grandes virtudes de Daniel Handler, más conocido por su seudónimo Lemony Snicket, es precisamente, su habilidad para dibujar mundos con tan sólo un par de trazos. O líneas, mejor dicho.

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Como bien señaló Alberto Chimal, en comparación con la mayor parte de las sagas juveniles, los libros de Handler son “mucho más breves y elegantes (y mejor escritos, con menos pretensión y más sabiduría)”. Cientos de novelas tamaño enciclopedia darían lo que fuera por tener la riqueza de lenguaje y estupendo manejo del idioma que poseen los trece volúmenes de Una serie de eventos desafortunados. Son relativamente pequeños –la mayor parte pueden leerse en un día cada uno–, no obstante, ofrecen uno de los panoramas más alucinantes en el mundo de la literatura infantil y juvenil. De la literatura a secas, punto. Handler conjuga su historia llena de secretos y misterios haciendo uso de las palabras suficientes, no obstante precisas, que despierten en el lector una oleada de sentimientos. Más que exponer, intuye, y más que describir, propone; de esta manera, multiplica las posibilidades de interpretación en una historia llena de misterios en la que lo que menos importa es la resolución de los mismos.

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Ninguno pasa de las 200 páginas.

Handler está más interesado en las preguntas que uno puede formularse que en las respuestas que puede ofrecer, en lo que cierto acto, objeto o palabra puede significar para uno como lector. Así, Handler hace lo mismo con sus personajes y escenarios, sustituyendo las minuciosas descripciones de las características físicas por ciertos gestos y manierismos que se quedan grabados en la mente.

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El Conde Olaf (Neil Patrick) lo dice todo con esa jeta, atrás Violet (Malina Weissman), Sunny y Klaus (Louis Hynes) muertos de miedo.

Por ejemplo, al presentarnos a sus protagonistas, en El mal principio, nos informa que “Violet, Klaus y Sunny Buadelaire eran niños inteligentes, y eran encantadores e ingeniosos, y tenían unas facciones agradables”; cuando introduce a su infame villano, el Conde Olaf, nos dice que “Era un hombre muy alto y muy delgado. No se había afeitado y, en lugar de tener dos cejas, como la mayoría de los seres humanos, tenía una sola, larguísima. Sus ojos eran muy, muy brillantes, y le daban un aspecto hambriento y enfadado”; o cuando aparece el tan querido y fugaz Tío Monty en La habitación de los reptiles, lo describe como “un hombre bajo y regordete, con el rostro redondo y colorado”, mientras que la Tía Josephine en El ventanal, es “una mujer pálida con el pelo blanco recogido en un moño en lo alto de la coronilla”, y poco o nada sabemos sobre el aspecto del ineficiente señor Poe, la amabilísima Justice Strauss o las despreciables Esme Gigi Genevieve Squalor o Carmelita Spats. Y, sin embargo, son los gestos y acciones, por más mínimos que sean, los que alcanzan mayor dramatismo; así pues, el hecho de alguien recogiéndose el pelo con un listón se vuelve uno de los gestos más hermosos, símbolo de la inventiva, el valor y el coraje, y ni imaginan lo tremendo que es el hecho de que alguien no se decida por lanzar una piedra que sostiene entre sus dedos al mar.

Dicho de otro manera, gracias a que no nos lo contó todo, Handler nos ofreció un universo tan grande como el que más, con todas las posibilidades imaginables. 

Desde luego, llevar ese universo al mundo material no es cualquier cosa. Y podemos agradecer a Brett Helquist por dar el primer paso. 

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LA ILUSTRACIÓN EN UNA SERIE DE EVENTOS DESAFORTUNADOS

Brett Helquist (Ganado, Arizona, 1966) fue el encargado de ilustrar los trece libros que componen la saga y casi casi podríamos decir que tanto los niños Baudelaire como el Conde Olaf son creación suya. Handler y Helquist jamás se juntaron para intercambiar palabras, así que éste último tuvo total libertad al momento de ponerse manos a la obra. Y cabe decir que rindió frutos: la apabullante mayoría imaginamos a los protagonistas con base en sus dibujos, pues resulta innegable que realizó una lectura atenta con el fin de dar una forma y textura adecuada a los personajes.

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The Bad Beginning (1999), “Un mal principio”. Ilustración de Brett Helquist. 

¿No es ése el trabajo del ilustrador? Ilustrar, o dicho de otro modo, echar cierta luz sobre el asunto. En lugar de repetir la grafía, de intentar reproducir lo que ya está escrito, cualquier ilustrador que se precie aspira a esclarecer los caminos oscuros con la intención de enriquecer la experiencia lectora, ampliando el universo, no delimitándolo. 

Y al igual que Handler, Helquist no nos pinta todo el panorama, pero sí nos da el suficiente material para que podamos terminar de construirlo. Helquist ha expresado que su tarea principal es “añadir algo de color y profundidad, añadir algo de vida”. Ese añadido es, en todo caso, una contribución, algo que permite la expansión.

Yo me pregunto, ¿sucede lo mismo con el cine?

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LA ADAPTACIÓN DEL LIBRO

Podemos decir que ese tormento que nos genera la adaptación cinematográfica de una obra literaria y que expresamos en fúricos “¡Así no es en el libro!”, o, peor aún, “¡Así no es como lo imaginaba!”, resulta, a estas alturas, algo infantiloide. Pues sí, efectivamente, no es como lo imaginábamos. Y nunca lo va a ser por dos sencillas razones:

  1. Como se le denomina, se trata de una adaptación. Se trata de otro medio, otro material, otras reglas. En otras palabras, la obra literaria está siendo traducida a otro lenguaje –el cinematográfico-, y la alteración, más que irremediable, es el único medio posible. Se está trasladando de un universo a otro.
  2. Lo que estás viendo no es tú interpretación, sino la del cineasta o, en el peor de los casos, la de un numeroso grupo de personas que pretende saber qué es lo que te gustaría ver.
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Aquí un contraste de la lectura de personajes entre el ilustrador Brett Helquist y el director de la serie Barry Sonnenfeld.

Sobre todo, tenemos que entender que cine y literatura son dos animales diferentes. ¿Qué es mejor: la pizza o los atardeceres? Suena idiota, pero de igual manera queremos llegar a un veredicto respecto a dichos medios, casi siempre decantándonos por la literatura, puesto que esta “ofrece más y, por lo tanto, es mejor”. Lo justo es aprender a apreciar y celebrar a cada medio por sus propios méritos. Palabra e imagen despiertan nuestros sentidos, pero mientras que uno es, como dicen los maestros, maleable y efímero, el otro es concreto y absoluto. Así de sencillo, y ni uno es mejor o peor que otro. 

Así  pues, habría que exigirnos la postura que merece dicha situación: humildad ante las visión que alguien comparte respecto a su propia experiencia, visión armada con base en sus propios intereses, en la relación que halló con la obra, con lo que ésta despertó en él y no, como neciamente pensamos, con lo que “el autor intentó decir”.  Así es, lo dije.

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Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con Una serie de eventos desafortunados?

Pues que se presenta como la ocasión perfecta para hablar del tema. La historia ha sido adaptada por Netflix y todo pinta de maravilla.

La saga finalmente recibe el tratamiento que merece, pues se trata de una serie televisiva y no de una película de 100 minutos. Cada libro fue adaptado a dos episodios de poco menos de una hora, dando el tiempo suficiente para que la historia pueda desenvolverse como debe. Barry Sonnenfeld, director de las películas de Los Locos Addams y Hombres de Negro, funge como productor ejecutivo y dirige cuatro de los ocho episodios que integran la serie. Hacía años que Sonnenfeld deseaba adaptar la famosa saga infantil, refiriéndose a ella como su favorita. Las cosas no funcionaron como esperaba y la película del 2004 terminó siendo dirigida por Brad Silberling. Esta vez, Sonnenfeld está a cargo y parece ser que su visión no será opacada. Por si fuera poco, el mismísimo Daniel Handler (sí, Lemony Snicket…) escribió los guiones y es otro de los productores ejecutivos, gozando de una libertad creativa que le fue arrebatada durante el rodaje de la película. Y, oh sorpresa, gracias a los avances de la serie, podemos vislumbrar que se ha tomado sus libertades respecto a su propia obra. 

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Daniel Handler, quien se presenta como el representante del señor Snicket cada vez que aparece en público.

Se trata de una adaptación sumamente estilizada que presenta un mundo lleno de anacronismos y deslumbrantes escenarios coloridos, casi barrocos en cuanto a detalle, y está acompañado de un elenco pintoresco y de primer nivel. 

Entonces, ¿qué es lo que nos debe preocupar? Una vez resuelto el asunto de la encarnación y habiendo entendido (espero) que eso no es un problema, lo de menos será que un actor afroamericano interprete a un personaje que creíamos blanco o que un personaje gordo ahora sea flaco, o que una casa hecha de piedra sea aquí una casa de cristal. Me preocupa que sea determinante, finita en relación a la historia y sus personajes. Si va a echar cierta luz sobre algunos misterios, más le vale oscurecer otros cuantos. Es lo más que me siento con derecho de exigir. Todo lo demás es negociable. Ante todo, habría que olvidarse de cualquier prejuicio y dirigir nuestro interés y curiosidad hacia lo que Handler y Sonnenfeld tienen que ofrecer en este medio sumamente imperfecto. Hacia la vida que podrían añadir a esta hermosa historia, con unos cuantos trazos nuevos. Entonces sí, podremos empezar a dialogar.

PARA LEER MÁS

  • “Mercado de lágrimas” en 24xsegundo Magazine de Alberto Chimal, 2004.
  • “Piaget, Lemony Snicket and Design for Kids”, podcast en Rosenfeld Media, de Lou Rosenfeld y Brett Helquist, 2014.
  • Un mal principio, Editorial Lumen, de Lemony Snicket, 2002.—. La habitación de los reptiles, Editorial Lumen, 2002.—. El Ventanal, Editorial Lumen, 2002.

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