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“Un mundo feliz” de Huxley, cuando Henry Ford reinara en la tierra, si no es que ya lo hace

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Aldus Huxley alguna vez dijo que “quizá este mundo es otro planeta del infierno”.

“Un mundo feliz” trata sobre la manipulación genética, la liberación sexual, el retraso del envejecimiento y una sociedad adicta a todo tipo de sustancias y entretenimiento que los desconecte de la realidad.

Brad Cagdon, profesor de la universidad de Dalhousie en Canadá, dice que Un mundo feliz es una obra en donde los no-valores de una sociedad científica predominan sobre unos supuestos “valores” de desarrollo, orden y progreso. Y que la novela de Huxley es un debate sobre las decisiones científicas y políticas sobre el destino de los ciudadanos; es decir, la toma de decisión que no está en nuestras manos, sino en las de quienes nos controlan.

La obra del británico Aldus Huxley, publicada en 1932, es una anti-utopía ubicada en Inglaterra. ¿Qué quiere decir una anti-utopía? En una frase: una distopía, que en definición del poeta español José María Merino, es una sociedad futura con características negativas y causante de alienaciones morales.

Philip Ball, articulista de Nature, escribe que 1932 fue una año donde la ciencia y la tecnología eran ampliamente vistas como una promesa utópica en el mundo. La mancuerna entre ciencia y tecnología habían traído por primera vez  al mundo los antibióticos, el amoniaco, fertilizantes artificiales, vuelos entre continentes, entre otras cosas. 1932 estaba puesto y dispuesto para Un mundo feliz.

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Aldus Huxley aparece en la portada de “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band” de los Beatles.

La distopía de Un mundo feliz está basada en la eugenesia: estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especia humana.

Una perfección humana que no se basa en la igualdad de inteligencias y fortaleza física, sino que su principal herramienta de desarrollo es una diferencia radical entre las personas. En Un mundo feliz, los alfa son la cúspide de la pirámide: ellos son directores, jefes y autoridades intelectuales que controlan a sus subordinados betas, gammas, deltas y epsilones quienes son más idiotas y torpes conforme sigue la lista de ciudadanos. Todos ellos son los minions de la película con una “adicción” enfermiza al soma.

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En palabras de un alfa: el soma es la droga perfecta porque combina todas las ventajas del cristianismo y el alcohol y ninguno de sus inconvenientes.

Hay una reserva salvaje en Un mundo feliz, donde Aldus Huxley describe a un hijo –podríamos llamarlo bastardo– de uno de los grandes mandos alfa; él se llama John y a lo largo de la historia será “rescatado” de la reserva para que regrese a la “civilización”. Aquí pasa algo bien curioso. Paradójicamente, el salvaje, quien ha vivido lejos de la tecnología, ausente de las fuerzas de trabajo y desconectado de una sociedad adicta al soma, es la persona –mejor dicho, el ser humano– más pleno de la historia. Por supuesto que John se topará con pared cada vez que intente socializar de acuerdo a lo que él ha aprendido y claro que tendrá miedo, mucho, pero eso no lo hace despreciable: lo hace diferente. Y aquí viene una de mis frases favoritas de la novela:

 –Sí, y civilización es esterilización –prosiguió Bernard, completando así, en tono irónico, la segunda sección hipnopédica de higiene elemental–. Pero esta gente no ha oído hablar de Nuestro señor Ford y no está civilizada. Por consiguiente, es inútil…

Así es como se construye Un mundo feliz, con la brutal esterilización de la civilización para simular que todos somos iguales, pero con las firmes diferencias intelectuales y físicas para que la “maquinata” llamada estabilidad funcione.

CONTINÚA ABAJO…

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LA RELIGIÓN DE LA CIENCIA

Más allá del Dios o Dioses en los que quieran, puedan, sueñen y crean, hay un Dios en Un mundo feliz con el que estarán familiarizados, les apuesto lo que quieran. Él lleva por nombre Henry Ford, fundador de la automotriz Ford el 16 de junio de 1903. No por nada el tiempo diegético de la novela –espacio y tiempo del relato– ocurre en el año 2540 d.c., lo que equivale a 632 después del nacimiento de Ford en números de Philip Ball.

En la obra de Huxley, la principal religión –y la única aceptada– es la fordiana, donde se le rinde honor y plegaria al padre de la cadena de producción en masa. Ford introdujo el Ford T, el primer auto que se produjo de forma masiva. Durante la historia, son incontables las veces que las personas se persignan simulando una T en nombre de Ford.

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Esquema de un Ford T.

Es justo en esta parodia religiosa de Huxley donde el profesor Brad Cagdon tiene una idea increíble, ya que gracias a la alusión religiosa sobre Henry Ford, Un mundo feliz sobrepasa la utopía, la vorágine de la tecnología y se convierte en “una crítica de los distintos sistemas de creencias que pueden ser movilizados para que la sociedad del futuro funcione”.

La eugenesia en Un mundo feliz es simple pero efectiva por medio de la cría selectiva de humanos conforme el trabajo que realizarán, el control de natalidad y la esterilización de las especies. La esterilización es un punto interesante en lo particular, ya que en la historia de Huxley, las palabras mamá o papá son nombres que ameritan la ridiculización, el asco, el miedo y lo desconocido, el salvaje John será la prueba en vida. Si mamá o papá no existen, los hijos menos. En Un mundo feliz, la familia no existe porque no hay relaciones de parentesco.

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Aunque nadie lo crea, Aldus Huxley fue el guionista original de Alicia en el país de la maravillas de Disney en 1951.

En este sentido, la maquinaria política y económica del planeta en Un mundo feliz gira gracias a la religión fordiana, a la tecnología eugenesia y a una jerarquización del trabajo y el poder con base en la oferta y la demanda. En otro orden de ideas, la combinación de ciencia, religión y producción en masa son los engranajes para ejercer poder.

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Luis Mario Reyes

Soy zurdo y tengo el pie plano. A veces no puedo aprender nada, y eso me gusta. Editor en jefe de Libertimento y maestro de primaria retirado.

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