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Una campana es por mí, las otras por mis fantasmas

LA HABITACIÓN DEL SUICIDA

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El mural de John Olsen en la Opera House

El lamento como un acto de superación de la pérdida, que idealiza una cierta realidad y tiempo para mantener en la memoria, es la base principal de la elegía. Así el lamento de la elegía se convierte en consolación, sin embargo ese desahogo y deseo de continuar hacia el futuro no se reduce únicamente a una persona, sino que puede extenderse a una nación. De esta forma la pérdida se convierte en algo que sobrepasa la muerte humana. En todo caso, queda una pregunta por resolver: ¿qué o a quién se llora?

En el poema de Kenneth Slessor titulado Five Bells se llora a Joe Lynch, amigo y periodista del poeta que muere ahogado en el Puerto de Sydney. En el poema un paseo por aquel puerto y el sonido de las campanas traen de vuelta los recuerdos del pasado y con eso el lamento. El tiempo es clave, pues el pasado y el presente se mezclan en uno solo y deja de fluir, al menos en la memoria y en todo caso uno se lamenta por recordar y no superar.

¿Quién es Joe Lynch y dónde está ahora? ¿A quién se llora realmente? En Five Bells las campanas en el único sonido que queda a una voz inaudible, a una persona sin cara, a un hombre muerto, a un fantasma en la memoria.

En el poema de Slessor las preguntas no se responden; sin embargo, es tan grande la necesidad de un consuelo que el poema influenció otras obras artísticas desde la pintura de John Olsen en la Opera House, hasta inspiraciones musicales como las de Miroslav Bukovsky, Alan Browne y Peter Sculthorpe. De esta forma el poema se convirtió en un símbolo de Sydney y su autor pasó a ser el poeta de la ciudad, según Kinross Smith.

En tiempos modernos, Five Bells se transformó en una novela del mismo título. En ella su autora, Gail Jones recrea el paso del tiempo en cinco personajes que viven atormentados por su pasado y en la cual la memoria los apresa y no los deja continuar.

La novela es una elegía de la Australia contemporánea, formada por migrantes atados a su pasado y que recuerdan continuamente la pérdida de algo: la familia, la cultura, la esperanza, etc. En la novela saber a quién se llora se vuelve imposible, pero si pudiera decir algo uno se llora a sí mismo y uno lamenta el atascarse en el pasado y no poder continuar. Cada campanada es un fragmento de nuestra vida.

 

Alex Sánchez

Apasionado de los libros, negador de la realidad, viajero sin rumbo, periodista en formación.

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