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Una carta de amor

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Willliam Shakespeare (1564-1616). Super Shakespeare, Colorado Shakespeare Festival.

Pocas personas son conscientes de todo lo que implica para un actor el pararse en un escenario o frente a una cámara y entregarle su corazón a aquél que le mira. Inclusive me atrevería a decir que ni si quiera los actores entienden la profundidad de lo que hacen; o tal vez sí y deciden acostumbrarse, obviarlo o asumirlo como parte de su oficio.

Definitivamente la experiencia escénica tiene que ver más con una acto de amor que con el simple hecho de contar una historia o interpretar un personaje.

Hace algunos años comencé a investigar la escena y qué pasaba allí dentro. Conforme me enfrentaba a ella me di cuenta el grado de exposición que implica. Es un lugar que, si se toma en serio, te obliga a conectar con lo más profundo de tu ser y si estás dispuesto de regalarle eso a la audiencia o a la cámara que captura tu imagen, entonces se establece una conexión capaz de transformar al Otro y lo otro. 

A lo largo de está investigación me he preguntado varias veces ¿Cómo elijo a mis protagonistas? ¿Qué es lo que hace que me fije en un actor o que quiera ponerlo frente a la cámara? Concluí que es algo de transferencia invisible, decidí asumir que la única manera de trabajar con el actor es desde mi propia vulnerabilidad y para eso –yo como director– tendría que aceptar ese intercambio desde una posición amorosa, porque solamente desde el amor es donde yo entiendo la relación artística que me interesa y que se da entre dos seres creadores.

Midsummer

Sueño de una noche de verano interpretada por the Royal Shakespeare Company. 

Curiosamente, en la obra de Shakespeare encontré coincidencias con mis demonios y deseos y emprendí la búsqueda para encontrar esos lugares intermedios en los que el ser humano revela su alma. En Sueño de una noche de verano hay un juego muy interesante entre distintos planos de ficción. Shakespeare coloca una comedia de enredos amorosos en un laberinto boscoso donde un grupo de actores se prepara para presentar una obra mientras que hadas, duendes y seres mágicos se divierten con las pasiones de los humanos solo para revelar nuestros propios defectos. 

Es impresionante cómo la obra del autor isabelino se sigue manteniendo vigente. Y creo que se debe precisamente a esa capacidad de ver al hombre como realmente es, desnudarlo de prejuicios, expectativas, e incluso de su cultura y hacer una radiografía de sus afectos. No por nada Sueños de una noche de verano se ha representado tantas y tantas veces en distintos medios y de distintas formas a lo largo de cientos de años. 

Definitivamente uno no es uno cuando se siente enamorado. Hay una dimensión escénica en todos nosotros que se intensifica cuando nos vemos atraídos por alguien más. El estar enamorado, al igual que el estar en escena, es una situación extracotidiana que nos hace extrañarnos de nosotros mismos y de alguna forma vernos como alguien más. Hablamos distinto, soñamos distinto, nos sentimos distintos. Una faceta nueva y a veces desconocida que nos resulta familiarmente siniestra, pero que seguramente nos empuja a conocernos mejor.

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Mural de Diego Rivera en la fachada del Teatro de los Insurgentes. En el centro del mural hay un máscara con un eclipse de luna. Justo cuando la luna cubre al sol, se dice que el eclipse hace alusión al momento en que comienza la obra de teatro donde la magia de la ficción rebasa la vida común y corriente.

Mucha gente prefiere el cine sobre el teatro. Sin saber bien el porqué, el teatro tiene algo que no termina de cuajar con la gente. Y no me refiero al teatro musical que es más espectáculo que arte. Sino al teatro que se preocupa por cuestionar, alzar la voz, criticar el sistema establecido y sobretodo conectarnos con nosotros mismos. El teatro es un espejo de nuestra alma y es verdad que no a todos les gusta mirarse tal y como son. 

Pero vale la pena ir a ver teatro. Vale la pena ir a intercambiar nuestros corazones con un actor. Vale la pena apostarle al amor en escena y a la escena en el amor, pues no por nada el teatro sigue vivo y seguirá, pues nos guste o no el teatro tiene una relevancia social que desde su precariedad, su misterio, su permeabilidad, su periferia o su posibilidad creadora, da una visibilidad tangible a lo humano demasiado humano. 

Sigamos manteniéndonos vivos a través del teatro. 

Israel León F.

Israel León Fájer .- D.F 1988 – Investigador artístico. Cineasta obsesionado con la escena.

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