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Vestidos de princesas, pubertad y sexualidad

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Para ser una princesa hay que estar a la moda, y como dicen por ahí: de la moda, lo que te acomoda.

Ya sé que no puedo hablar por todas, pero al menos yo a los 14 años no tenía una cinturita de avispa con busto y cadera prominente. En realidad, en esta etapa las niñas aún tienen la carita redonda y un cuerpo un tanto cuadrado. Sí, es la edad en que empiezas a tener forma, pero como todo en la vida, es poquito a poquito.

Considerando esto me pregunto, ¿cómo demonios es que las princesas Disney tienen esos cuerpazos, si en realidad todas son niñas? Blanca Nieves tiene 14; Jasmín tiene 15; Aurora, Ariel y Mulán, 16¿qué les daban de comer en sus palacios?

Para contestar las preguntas anteriores es necesario tomar en cuenta el año en el que las princesas Disney “nacieron”. Porque sí, todas ellas están basadas en cuentos muchísimo más viejos que las propias películas, por lo que la empresa del ratón Miguelito las representó de una manera distinta. Les confirió atributos que hasta ahora las definen y que, para bien o para mal, contribuyeron a  definir a varias generaciones de mujeres.

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Aunque mi mamá se encargó de decirme que “ésas son solo historias, en la realidad no existen príncipes ni princesas”, siempre fui fan del mundo Disney. Por lo que haré uso de mi amplio conocimiento en la materia para explicar las tres olas de princesas (saca un libro trukutrú y se pone los lentes).

Es importante considerar que ellas son productos culturales, es decir, que están constituidas con características del tiempo y espacio en el que fueron configuradas. Es algo así como cuando tu abuelita te cuenta de su juventud. Ella no tenía Netflix ni sabía de memes, simplemente porque no es algo que existiera en su época. Con el pasado en cuenta, podemos comenzar nuestro recorrido histórico.

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LA PRIMERA OLA: GUAPAS Y VULNERABLES

En esta etapa están las primeras princesas que Disney creó. Probablemente son las más emblemáticas, pero también las más cuestionadas. Su búsqueda es el amor y sacrifican grandes cosas por él, lo que da como resultado actitudes ilusas. El final feliz de sus historias es cuando el príncipe decide casarse con ellas. 

Blanca Nieves y los siete enanos llegó a la pantalla grande en 1937. Su amigueta Cenicienta en 1950. La bella durmiente en 1959 y La Sirenita –que dicen que no es tan su amigui– en 1989. 

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Es importante mencionar que todo el siglo XX fue un remolino de batallas en cuestión de género, el momento más intenso se dio en la primera mitad, cuando Cenicienta ya estaba cantando con pajaritos en el cine, mientras que en México aún no estaba aprobado el voto femenino, hecho que ocurriría hasta 1953. Se preguntarán cómo es que la historia influye sobre Blanca Nieves, Cenicienta y Aurora. Les quiero decir que como construcciones culturales que son, la manera en que se comportan estas doncellas es producto y resultado de la forma en que el mundo veía las cosas en aquellos años. Parte de esta cosmogónica es la contradicción que existe entre el que sean ilusas, puras y santas con un porte sexualizado.

En el tema del vestuario, es importante lo que se ve, pero también lo que no se ve; y que a su vez es TRASCENDENTAL lo que se sugiere. Todas ellas tienen vestuario que las cubre casi por completo. Vestidos largos que ocultan sus piernas y con mangas largas que también esconden sus brazos. 

Los vestidos de Blanca Nieves, Cenicienta y Aurora son corte princesa, valga la redundancia. Este corte de caracteriza por marcar la cintura, lo ancho de sus faldas sugiere unas caderas muy anchas. Lo más curioso de su  vestuario es el escote. No es demasiado profundo, pero sí lo suficiente.

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Las mangas abombadas son símbolo de status, ya que en los siglos XV y XVI, edad en que se especula “ocurrieron” estas historias, las personas que podían acceder a este tipo de telas eran los nobles.

La estructura de la ropa de Cenicienta y Blanca Nieves sugiere una figura de reloj de arena sumamente marcada: mucho busto, mucha cadera, cintura pequeña. Todo ellas cubiertas, aunque por otro lado sus vestuarios “gritaran” a los cuatro vientos que tenían unos cuerpazos; aquí la contradicción de la que les hablaba hace unos párrafos.

Los colores en que visten destacan el azul: el maravilloso color de los sueños y la fantasía. Cenicienta, Blanca Nieves y Aurora usan dicho color en algún momento.

LA SEGUNDA OLA: ACUERPADAS PERO REBELDES

 La segunda ola de princesas llega en la década de los 90. La primera en la lista es Bella de 1991, Luego Jazmín en 1992, Pocahontas en 1995 y Mulán en 1998. 

Ellas comienzan a cambiar sus actividades y roles. Poco a poco abandonan el rol de doncellas en peligro para convertirse en miembros activos de sus historias. Bella es una muchacha que  lee, cuida a su papá y se niega a que Gastón le “eche los perros”. Mulán decide ir a la guerra en lugar de su padre y salva a China. Pocahontas defiende sus raíces. Jazmín no se quiere casarse con el mago rico y desobedece a su padre; por no decir que tiene a un tigre como mascota.

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Los cuerpos de Bella, Jazmín, Pocahontas y Mulán siguen marcando curvas, pero eso sí, menos pronunciadas porque son más fuertes, ya no parece que en cualquier momento se van a quebrar. Un aspecto muy importante es que ya no se limitan a ciertos grupos sociales. Jazmín, Mulán y Pocahontas rompen el molde de la clásica princesa Disney.

Los vestuarios que usan responden a sus contextos. Mulán luce togas y la ropa de los guerreros. Jasmín no utiliza vestidos, sus accesorios y ropa pertenecen a la moda típica de su país. Mientras que Pocahontas deja ver las piernas en un vestido apegado al imaginario colectivo de los nativos en Estados Unidos.

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LA TERCERA OLA: NIÑAS VALIENTES

Finalmente, viene la última y más reciente ola de princesas. Todo comienza en 2009 con Tiana en La princesa y el sapo, Rapunzel en 2010, Mérida en 2012 y la más reciente Moana de 2016. Para ser sincera, ellas son mis favoritas.

Salvo Tiana, un rasgo que comparten entre sí las antes mencionadas radica en que las sociedades en las que están inmersas no les permiten salir a conocer el mundo, limitándolas en todo el sentido de la palabra; sin embargo, dichas limitaciones serán el motor para vivir la aventura. En Enredados, Valiente Moana las princesas exploran las relaciones el mundo por sí solas, ya no se limitan a ver qué onda con el galán.

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Otro de los problemas que estas niñas tendrán que enfrentar. Y digo niñas porque solo pensamos en las edades de estas princesa; que incluso sus cuerpos demuestran que no rebasan los veinte añitos.

  • Tiana: 19.
  • Mérida: 16.
  • Moana: 16.
  • Rapunzel: 18.

Como lo mencioné al principio de este artículo, ellas son más niñas que jovencitas; sin embargo, a diferencia de Cenicienta, Blanca Nieves, Aurora y Ariel, los cuerpos y vestidos ahora sí corresponden a su edad. Mérida y Moana tienen cuerpos con pocas curvas, la cintura es poco marcada y sus caritas son redondas y sin maquillaje.

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En cambio, Rapunzel y Tiana, que las podemos pensar como chavas en su mayoría de edad, ya tienen un cuerpo más definido pero sin las formas exuberantes que definían a las princesas de la primera ola. Como lo habrán notado, en el siglo XXI los vestuarios de las princesas van acorde a su edad.

Los vestidos de Mérida y Moana no solo corresponden a su edad, también son coherentes con sus actividades. Ya ninguna usa corsé, lo que les permite moverse con libertad. Ya no se dibujan líneas falsas, sino que podemos ver un cuerpos de pubertas.

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La tercera ola de princesas representa a las jóvenes modernas y trata de inspirar a las niñas. Me da gusto poderme sentir identificada con Tiana o Moana, tampoco dejo de sentir aprecio por Aurora.

He escuchado a muchas personas cuestionarse del impacto de las princesas sobre las niñas, y si dicho impacto es positivo para ellas. Yo pienso que sí, que ninguna de ellas es mala, sino que se ajustan a las condiciones –y contradicciones– de la época en que fueron creadas. Sin duda, la concepción del rol de las mujeres ha dado un giro desde 1937 hasta nuestros días y las princesas de Disney son un ejemplo de ello, bueno o malo, como ustedes lo quieran ver. Los personajes allí están, vivos.

Después de todo, nadie va preguntándose por ahí si es bueno el impacto que los superhéroes como Iron Man o el Capitán América tienen sobre los niños, héroes con defectos y virtudes así como todas y cada uno de las princesas en las olas pasadas, olas que vienen y van.

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