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Neorrealismo en la LIJ Parte 1: Japón después de la Segunda Guerra Mundial

maus

Maus de Art Spiegelman es una novela gráfica sobre el holocausto. Todo pasa entre ratones y gatos, nada es tan sencillo como parece.

"Ningún niño podrá comprender el fin de la época
del Muro si no sabe cuándo y dónde empezó la injusticia".
Günter Grass. Premio Nobel de Literatura 1999.

La violencia afecta nuestra vida actual y ningún niño o joven, lamentablemente, escapa de dicha realidad. ¿Cómo es su mirada frente al dolor, el hambre, la muerte y la guerra? Algunos escritores y directores de películas en los últimos años han intentado mostrar otra cara. La cruda realidad, que lejos de exaltar el heroísmo, el patriotismo, los bandos “buenos” y “malos”, se presenta desde otra perspectiva donde los personajes protagonistas son niños y niñas que son testigos de terribles acontecimientos.

Los horrores ocurridos durante de la Segunda Guerra Mundial han sido fuente inagotable para novelas, películas, poemas, cuentos, novelas gráficas, entre otros. Es quizás ya parte de nuestro imaginario colectivo al identificar, aunque sea únicamente por el nombre, algunas de las siguientes obras: El Diario de Ana Frank (1947), Maus (1981), La lista de Schindler (1993), La vida es bella (1997), Rescatando al soldado Ryan (1998), Pearl Harbour (2001), El pianista (2002); y la lista podría seguir.

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Después de apoyar el nazismo, Schindler tendrá un cambio muy importante durante la película: la conciencia.

Lo que tienen en común estas producciones es que se aproximan a la Segunda Guerra Mundial desde lo ocurrido en Occidente, y son pocas las obras que se enfocan en Oriente, específicamente lo acontecido en Japón, o desde la perspectiva de los alemanes que también sufrieron durante la guerra y no necesariamente fueron partidarios de Adolf Hitler. Otra de las características principales es que dichas historias son contadas por adultos y generalmente dirigidas a este mismo público, aunque la gran excepción de las mencionadas sería El Diario de Ana Frank. Por último, todas ellas son mostradas desde la perspectiva de los vencedores o por los judíos, que como sabemos fueron víctimas de uno de los mayores genocidios de la historia, no sólo por los millones asesinados, sino por el desarrollo de un sistema para su exterminio. Sin embargo, no fueron ellos y los aliados los únicos que tuvieron bajas y sufrieron los estragos de la guerra. ¿Quién cuenta ese otro lado del sufrimiento del pueblo alemán o del pueblo japonés? La guerra no perdona a nadie y ningún bando es inmune. El riesgo es generalizar.

Fragmento de "La vida es bella" (1997)

De ahí el auge de una modalidad neorrealista en la Literatura Infantil y Juvenil. La Dra. Laura Guerrero menciona que ésta consiste en revelar lo duro de la existencia, en una búsqueda importante en donde surgen temas que no se habían tratado antes dirigidos al público infantil y juvenil y en la que la complejidad de la vida se hace evidente. Al mismo tiempo brota la esperanza, el abandono, la violencia, la supervivencia o la tristeza.

Así, las obras contextualizadas durante la Segunda Guerra Mundial de las que hablaré a continuación, y porque me han marcado profundamente, podrían estar dentro de esta corriente. 

NEORREALISMO EN EL JAPÓN DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Algunas de las obras que narran los bombardeos de manera explícita y sin tapujos en ciudades japonesas, en especial  el antes, durante y después de la bomba atómica sobre Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial son: la novela Sadako quiere vivir (1961), del escritor austriaco, Karl Bruckner; la película animada La tumba de las luciérnagas  (1988), del director japonés Isao Takahata; y la película animada Gen de Pies descalzos (1983), de Mori Masaki, basado a su vez en el manga autobiográfico de Keiji Nakazawa, del género shōnen, es decir, aquel manga dirigido especialmente a lectores adolescentes masculinos.

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La tumba de las luciérnagas 1988.

En Sadako quiere vivir, Karl Bruckner nos cuenta la historia de Shigeo y Sadako Sasaki. A manera de pequeños mosaicos, va recorriendo distintos ángulos, tiempos, espacios y personajes a unos días de la explosión de la bomba atómica, incluyendo a una viuda, a un pescador, algunos soldados y niños japoneses, así como de los soldados americanos que volaron el Enola Gay sin tener idea de lo que arrojarían y sus espantosas consecuencias. Karl Bruckner no abunda en detalles físicos, sino que cuida la construcción de imágenes con un lenguaje sencillo pero cargado de materialidad:

En el horizonte ardía el cielo. La bola ascendente de un sol de fuego hacía que el mar pareciera un monstruoso torrente de metal derretido (Bruckner 85). 

Bruckner tomar como eje principal la percepción de Shigeo, hermano de Sadako, quien resulta ser el verdadero protagonista. El juego interesante es el intento de simultaneidad: intenta narrar la explosión de la bomba atómica posicionándose desde diferentes personajes: lo que éstos vieron, sintieron y el lugar donde se encontraban en el momento exacto de la detonación; para algunos resulta en el testimonio de lo que presenciaron, para otros, la fulminación instantánea y la muerte. 

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Sadako Sasaki fue una niña que realmente existió (1943-1955). La imagen es un monumento a ella y todos los niños afectados por la SGM en Hiroshima, Japón.

Sadako quiere vivir muestra la historia de dos hermanos que luchan por sobrevivir, primero, en un Japón decadente donde la gente muere de inanición, luego en una explosión atómica, y finalmente durante la reconstrucción de Hiroshima en las dos batallas más grandes para Sadako: una carrera de relevos en bicicleta y la meta de armar mil grullas de origami para sanar su leucemia. 

De manera similar, la película La tumba de las luciérnagas nos presenta la historia de dos hermanos. Seita es el hermano mayor que protege a Setsko después de que su madre mueriese en el bombardeo de la ciudad de Kobe, un año antes de la bomba nuclear de Hiroshima. 

Las luciérnagas que acompañarán las secuencias visuales son metáfora de la brevedad de la vida; los caramelos frutales que terminan siendo la última fuente de alimento para la pequeña funcionan como objetos de esperanza y de alegría. El último viaje en tren: el umbral entre la vida y la muerte. Así, en los primeros minutos de la película se plasman los temas principales que impregnan toda la obra: la muerte, la orfandad, el recuerdo y el abandono.

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Las luciérnagas alrededor de Setsko.

Gran parte del argumento radica en el esfuerzo de Seita para que Setsko no descubra la muerte de su madre, además de ser el encargado de conseguir víveres para que ambos no mueran de inanición. El chico, a pesar de sus esfuerzos, fracasa. Aquí, el hambre, la guerra y la impotencia de un adolescente cuyos hechos lo rebasan, no se muestran edulcoradas. Al finalizar de ver esta película es imposible que uno no termine con un nudo en la garganta. 

Quizás más aterradoras sean las escenas de Gen de pies descalzos. Gen sobrevive gracias a que el muro de su escuela recibe el impacto de la onda explosiva de la bomba atómica, mientras que distintos personajes son irradiados por la luz. Imágenes desoladoras muestran cómo la piel de la gente se va quemando y desintegrando en cámara lenta, mientras los ojos salen de sus órbitas con sólo el brevísimo tiempo para ahogar un grito sordo.  

La desgracia no termina ahí. Gen se encuentra solo ante una ciudad completamente destruida. Comienza a merodear intentando comprender lo que ha ocurrido para darse cuenta de que todo está en llamas. Hay cuerpos por todos lados, gritos y alaridos. Busca ayuda y lo que encuentra a su alrededor son figuras espectrales, “zombificadas” a causa de la radiación y la temperatura. Una imagen similar aparece en Sadako quiere vivir: “Seres esqueléticos, que parecían ir vestidos con su propia piel, y se envolvían en harapos, y se tambaleaban como si, resucitados, acabaran salir de las tumbas”.

Un apocalipsis se cierne delante de Gen. Aterrado ante tal espectáculo corre a su casa, solo para encontrar a su madre embarazada que intenta levantar con una viga los escombros para sacar a su marido y sus otros dos hijos. La escena es devastadora, pues tienen que abandonarlos y dejar que sean consumidos por las llamas. La única manera en la que puede reaccionar la madre es con la locura: “Están todos ardiendo… Mi familia… arde. Arden en llamas… como en una hoguera”. Aquí, a pesar de la crueldad representada, la película no lleva gráficamente tan lejos la escena. Sin embargo, en el manga es más atroz:

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Keiji Nakazawa. Barefoot Gen: a cartoon story of Hiroshima. Vol.1 p 273.

Honestamente, la secuencia de estas imágenes es una de las más impactantes y desgarradoras que he podido contemplar. Si esto se trata de ficción, no puedo comprender la magnitud de lo que realmente pudo haber pasado.

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