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Proyecto apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes

The Hands Resist Him, una pintura supuestamente embrujada, pintada en 1972 por Bill Stoneham

Si lo pensamos, no ha pasado realmente tanto tiempo desde que salimos de las cavernas y comenzamos a construir viviendas. Las primeras casas contaban con pequeños agujeros que se tapaban con madera para protegerlos de los elementos o de los intrusos, por lo que solían hacerse pequeñas y de difícil acceso. El tener vista panorámica hacia afuera de tu casa no era práctico, la cueva solo tenía una entrada y eso te protegía de lo ajeno.

El vidrio comenzó como un artículo de lujo y no se pudo fabricar para tapar las ventanas hasta el primer siglo d.C. Esto le dio a la ventana su forma conocida y comenzó a ser parte de nuestra cultura popular, permitiendo a las casas contar con entradas de luz que conservaban a los elementos afuera. Por supuesto, esto le dio más oportunidades a los ladrones para poder entrar a las viviendas y despertó el viejo temor de algo ajeno entrando a la cueva para dañarnos.

Un supuesto fantasma se asoma en un hospital abandonado de Bronllys, Gales.

El vidrio es un material muy interesante. Es un fluido que se mueve de manera muy lenta. Nunca está completamente sólido, los restos de ventanas que han sobrevivido desde la edad media suelen ser más delgados en la parte superior y notoriamente más gruesos en la base. A una velocidad de siglos, el líquido se escurre hacia abajo.

Aunque el hombre común de esa época no lo podía saber, las ventanas fueron inconscientemente colocados junto con los espejos y los cuerpos de agua como objetos reflejantes por los que podían entrar espíritus y seres descarnados. De nuevo, el extraño que invade la cueva.

Recordemos lo que era vivir en esa época conocida como la Edad Media. Los caminos eran oscuros y si te alcanzaba la noche en uno, tenías que buscar refugio, ya que la noche era un momento que ya no pertenecía al hombre en su totalidad. La luz que se podía ver a lo lejos desde una ventana era un indicador de que alguien humano habitaba en esa zona. Algo similar a la fogata lejana en tiempos prehistóricos.

Acercarse con la preocupación de lo que te acecha sin saber el tipo de recepción que tendría en el lugar que solo se reconocía que era habitado por humanos debido a la luz distante. Ese era el dilema del viajero. Por eso, es común en las culturas tener normas de etiqueta para recibir a los viajeros. Nunca se sabía cuando uno podía ser el que necesitara refugio. Claro que también el viajero podía no ser humano por lo que había que estar siempre a la defensiva.

Las ventanas han sido usadas por los escritores como un tropo recurrente para indicar que alguien está espiando desde lo alto, que alguien habita en la mansión abandonada a pesar de que no debería haber nadie dentro. Los reflejos en la ventana nos pueden avisar que alguien está cerca y no nos encontramos solos del mismo modo que los espejos lo hacen.

Es una costumbre popular colocar espejos orientados hacia una ventana para “detener al mal que puede entrar por ella” o para “regresar el mal a quien lo envió”.

Una espléndida ilustración de Gustave Doré (1884) para El Cuervo de Edgar Allan Poe.

Las ventanas también son excelentes armas homicidas, arrojar a alguien por una ventana tiene su propio verbo “defenestrar” lo cual indica lo común del uso al menos antiguamente. Mientras más comunes se fueron haciendo las casas elevadas, más fácil era lanzar a alguien por una ventana.

Los fragmentos del vidrio de una ventana pueden usarse para cortar a alguien, por lo que siempre son un peligro que puede aumentar la tensión en cualquier narración.

Lo interesante del uso del tropo lo hace muy común en muchas películas, animes, mangas y demás narraciones, pero nunca como el elemento central. Así que podemos solo encontrar algunas referencias en series de televisión como Chapters of Horror: Bedroom Window (2015) o películas como Haunting in Connecticut (2009).

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